LAS PARITARIAS, UNA EXCEPCIÓN; LAS SUSPENSIONES, UNA REALIDAD

Crónica – Nota – Tema del Día – Pag. 3

Luis Autalán

Entre abril y junio se fi rmaron 55 acuerdos paritarios por rama de actividad. El detalle incluye algunos que ya prorrogaron su vigencia inicial. Para el Observatorio de Derecho Social de la CTA Autónoma contra esa famélica realidad salarial se reveló, además, un salto exponencial de las suspensiones, que alcanzaron al 7,5% de los trabajadores en abril y el 8,8% en mayo.
De los clásicos convenios más fuertes sobrevivieron a la crisis Covid los camioneros (30%, más bono anual y revisión en febrero 2021), aceiteros, desmontadores y bancarios con extensión anual.
La mayoría de los gremios, en necesidad y urgencia, pactaron por entre 3 y 6 meses de duración.
Otras excepciones recientes está en la Federación Argentina de Aguas y Gaseosas (Fataga) que fi rmó por nueve meses al 50% y suma fija de $10.000. Y esta semana los Químicos rubricaron el 28%, más bono de $21.700 y revisión en febrero Contracara, dentro del peor registro paritario de 2019, sólo superado por los textiles, los trabajadores de prensa, encallados en el 17% y con revisión pendiente.
El observatorio de la CTAA a cargo de Luis Campos precisó que la negociación colectiva en pandemia privilegió suspensiones. Pico máximo en abril con el acuerdo CGT-UIA homologado por la Casa Rosada.
Eje legal el artículo 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT).
No faltaron polémicas.
Ante la postergación de paritarias, sin antecedentes desde 2001 hasta la fecha, el salario nominal de los trabajadores registrados privados permanece casi sin variaciones y la “inflación de las góndolas” sigue su curso.
Un 2020 que arrancó con los bonos de emergencia de $4.000, la firma de algunas revisiones pendientes, la Asociación Bancaria logrando una suma puente y Utedyc 20% en tres cuotas por los primeros siete meses. En febrero, la paritaria nacional docente alcanzó el 23,5% en dos cuotas.
Desde el 20 de marzo todo empeoró, no es novedad alguna, de hecho se disparó el desempleo pese a las medidas anticrisis del gobierno. Las proyecciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) vaticinan que habrá en el país pospandemia 800.000 puestos de trabajo perdidos. Otros foros de especialistas avizoran el crecimiento del trabajo en negro y “el cuentapropismo de subsistencia”.
Algunos datos complican más el escenario salarial, la tracción del “miedo a perder el trabajo” que se percibe dominante en más del 50% de aquellos que conservan un empleo registrado, la intención de la oposición política, nunca casual en cuanto a propuestas liberales, de motorizar proyectos para “reducir” todavía más el salario de los estatales al mismo tiempo que esgrimen distracciones para acompañar el modesto impuesto a las grandes fortunas, que ya asoma como una suerte de bono contribución solidaria de impredecible fi nal.
Sin rango de casualidad, estos últimos días asomaron economistas “anticuarentena” y declarados enemigos de todo atisbo de lo que consideran “populismo” enarbolando misiles contra los convenios de trabajo y, lejos de cualquier casualidad, contra la Ley de Teletrabajo. En pandemia los acuerdos salariales pasaron a ser la excepción y no la regla normativa y legal.