Cómo impacta la brecha cambiaría en los precios

La Nación – Nota – Sup. Economía – Pag. 1

Carlos Manzoni

El aumento en la diferencia entre la cotización oficial y la paralela ejerce presión sobre el costo de bienes y servicios, a la vez que genera distorsiones nocivas para la economía
Como si fuera poco con la incertidumbre que genera el coronavirus en la sociedad, los argentinos deben lidiar además con otra variable que los aleja de cualquier certeza, al menos, en lo económico: se trata de la creciente brecha cambiaría, es decir, la diferencia que hay entre la cotización del dólar oficial y el valor del dólar paralelo o blue, que genera todo tipo de distorsiones en los precios, no solo de importaciones y exportaciones, sino también de los productos que compra a diario el consumidor local.
Este fenómeno, que se origina en problemas de fondo de la economía argentina, lleva a que los exportadores pospongan sus ventas al exterior, que los importadores adelanten sus compras y que consumidores y empresas, aunque no vean ya un aumento en los precios de sus productos o insumos, tengan una expectativa de inflación alta en el futuro.
El economista Martín Tetaz explica que en un principio puede haber resquicios para comprar más baratos bienes que fueron importados al dólar oficial, pero que, a medida que la falta de divisas hace que se les restrinja esa posibilidad a los importadores, lo que sucede es que los precios se ponen en función del dólar paralelo. “Como ya ocurrió entre 2011 y 2015, los productos para los cuales hay dificultades para importar se empiezan a vender al precio del dólar paralelo, ya sea porque el importador no puede acceder a las divisas porque el Banco Central no los deja, o porque existe la preocupación de que lo hará a futuro”, dice.
Ahora, en todos los segmentos en los que no haya limitaciones para importar al tipo de cambio oficial, los bienes se venderán según ese precio de referencia. “Hay dos comportamientos muy diferentes en los precios internos respecto del dólar paralelo, en función de si ese producto en particular se puede importar libremente o no”, señala Tetaz.
Esta dinámica no solo impacta en el precio del producto final de forma directa, sino que también lo hace de modo indirecto, puesto que muchos bienes de consumo local tienen insumos importados, cuya cotización se rige por la lógica explicada antes.
En un contexto de escasez de divisas, dice Matías Rajnerman, econo- mistajefe de la consultora Ecolatina, el Banco Central tiene dos opciones: convalida las presiones y deja correr el dólar oficial, o extrema el cepo. “El correlato de ambas medidas es una aceleración de la inflación, generalizada en el primer caso o focalizada en las empresas afectadas en el segundo. En junio comenzó a impactar la nueva regulación, cuando textiles y equipamiento electrónico subieron 6% y 4%, respectivamente, en medio de la cuarentena”, analiza.
Hay otro efecto nocivo de la brecha cambiaría, que lo expone muy claramente Diana Mondino, economista de la Universidad CEMA. Así lo explica: “La brecha es veneno para el ahorro, justo cuando nuestra economía necesita imperiosamente aumentar su nivel de ahorro”.
Alguien podría decir que, en realidad, la brecha cambiaría no se ha traducido en una disparada de los precios. Pero eso no puede sostenerse en el largo plazo. Tal como explican los analistas consultados, hoy la dinámica de precios está contenida por la política oficial y por eso la inflación de los últimos dos meses no se condice con la dinámica monetaria que se está viendo.
Marina Dal Poggetto, economista y directora de la consultora Eco Go, explica que el traslado a precios de la cotización del dólar libre está contenido por varios factores. “El índice de inflación incluye una parte referida a rubros que, por estar cerrados, no tienen precios (cines, recreación, etcétera); después, están los rubros regulados por la política (tarifas), otros que se regularon por el coro- navirus (cable, internet, telefonía móvil) y, además, hay precios de la canasta básica que están también regulados por la política, porque la Secretaría de Comercio controla directamente los márgenes de las empresas”, analiza la especialista.
En definitiva, la parte del índice de precios que está totalmente libre es solo el 40%. Y esa parte evoluciona a un ritmo que es el doble del que exhibe la inflación publicada. “A su vez, dentro de esta porción hay algunos bienes, básicamente durables con un componente del costo en dólares, que se mueven más rápido. Por ejemplo, los autos, que aumentaron 30% en lo que va del año, mientras que la inflación en igual período fue de 13%”, agrega Dal Poggetto.
En este sentido, hubo un quiebre muy marcado: hasta mayo, los importadores accedían libremente al mercado cambiario, pero en junio el BCRA limitó ese acceso a las empresas, en función no de un criterio económico, sino de uno financiero (no podían tener dólares en el exterior ni operar con el contado con liquidación). Fue ahí cuando empezó a haber un traslado mayor del valor del dólar libre a los precios (y ese valor es una cotización intermedia entre el oficial y el blue).
A la hora de responder cuáles serán los productos que se encarecerán antes o en mayor medida, los economistas consultados afirman que primero aumentarán los importados para los cuales el importador ya no pueda acceder al dólar oficial (en ese caso, entran más caros o se produce desabastecimiento), como electrodomésticos, computadoras, celulares, entre otros. Después, los que tienen alto contenido de insumos del exterior y, por último, los alimentos y las bebidas (son los precios que el Gobierno busca contener a toda costa). “De hecho, el Banco Central garantizó a todas las empresas del sector alimentos y bebidas poder importar al dólar oficial, porque, si no, era imposible evitar que se dispararan los precios”, apunta Rajnerman.
Aumentos más fuertes Los productos que muestran mayores aumentos de precios, remarca Rajnerman, son los electrónicos y los de equipamiento del hogar, como ser computadoras, heladeras y otros electrodomésticos. “También hubo una importante suba en textiles en junio, que creemos que está vinculada en parte al tema de la brecha y en parte a la política comercial (más restrictiva). Concretamente, los incrementos se dan en los bienes importados o con un alto componente importado ?de lujo? o ?no esencial? , donde el Banco Central está mandando a las empresas a traerlos del exterior con dólares propios”, cuenta el economista.
Tetaz hace hincapié en el hecho de que los productos que puedan seguir siendo importados al dólar oficial tendrán un aumento más moderado. “Porque a principios de año el dólar de referencia para ellos estaba a $60 y ahora está a $72. Sí, aumentó un 20%, pero no pegó el salto del paralelo, que pasó de $70 a casi $140. Hay productos puntuales que se ajustarán siguiendo más de más cerca este último valor, mien- tras que otros solo se incrementarán 20% en relación a lo que costaban en enero”, precisa.
Aun así, si no se encuentran y se adoptan decisiones de fondo, será muy difícil contener indefinidamente la presión que ejerce sobre los precios una brecha cambiaria como la actual (ver infografía). “La escasez de divisas está generada por una situación financiera en la que la demanda de dólares en el país es infinita y se le siguen agregando capítulos a la saga de la deuda. Ahora la presión monetaria sigue ahí, contenida, con pesos para presionar sobre la brecha, con pesos para subsidiar créditos, con pesos para que las empresas privadas coloquen obligaciones negociables en el mercado; pero la consistencia monetaria de todo esto va a depender del programa financiero. Y ese programa, en un contexto en el que no hay crédito, va a depender de la capacidad que tenga el Gobierno para consolidar las cuentas fiscales”, concluye Dal Poggetto.
En este escenario, es interesante ver cómo el dólar y su cotización están presentes en muchas más cosas de la que por lo general alguien imagina. La consultora Focus Market elaboró un informe que responde a la pregunta “¿Cómo pueden influir en las compras que hacen los argentinos las restricciones en el mercado de cambios?”, en el que se muestra que en los electrodomésticos fabricados en el país, por citar un ejemplo, el motor y los cuerpos plásticos (que son importados) representan 20% del costo total. “Entonces, el precio del producto final aumentará según se haya accedido a ese insumo con dólar oficial o dólar blue”, acota Damián Di Pace, director de Focus Market.
Ese ejercicio hecho con electrodomésticos se puede practicar también con alimentos de la canasta familiar, como gaseosas, yogurts, golosinas, galletitas, snacks, lavandina y champú, entre otros, puesto que el plástico importado está presente en ellos, ya sea en forma de botella, sachet, packaging o tapa. “Para el caso de los bienes finales que consumimos los argentinos, en menor o mayor medida hay participación de bienes intermedios importados. Es difícil encontrar un sector donde no haya participación de bienes intermedios con necesidad de ser importados. Si compramos una bicicleta en oferta, en el Hot Sale por $18.999, debemos saber que el 9 % de su costo total corresponde a las cubiertas, que son importadas”, enfatiza Di Pace.
Por otra parte, toda economía necesita importar insumos, materias primas y bienes de capital, como máquinas y equipos para poner en marcha su producción. Una demora en el acceso al mercado cambiario o su restricción detiene la producción para consumo local e, incluso, la destinada a exportaciones que permitirían obtener divisas. “En el primer caso se puede producir una falta de abastecimiento de determinadas categorías y rubros en góndolas o en comercios, y en el segundo, un mal propio BCRA que necesita dólares para incrementar sus niveles de reservas”, indica Di Pace.
Más allá de esto, Mondino subraya que hay varios ejemplos de las distorsiones que genera la brecha cambiaria. “Uno es el de un desarrollador de software que cobra a valor del dólar oficial ($71 menos retenciones), pero que compra su computadora, herramienta de trabajo, a un dólar de $99 (cotización oficial más impuesto PAIS). Pero eso no es todo: si ese desarrollador no declara sus ingresos, cobra dólares que vende a $135 y compra a $99, con lo que el incentivo a trabajar fuera del sistema es enorme”, advierte la economista.
Por ese tipo de cosas, el aumento de la brecha cambiaría empaña a toda la economía y no solo a un bien en particular. “Una empresa que hace una gran inversión en el país y que le pagará en dólares al proveedor extranjero, no sabe si tendrá acceso al billete estadounidense en el futuro. Entonces, ¿qué precio le pone a su producto, si no sabe cuanto le terminará costando la máquina?”, se pregunta Mondino.
Una economía afectada No son los únicos casos “curiosos” que se pueden dar en la Argentina actual: una empresa que se endeudó hace unos años en dólares y que debe saldar esa deuda con lo obtenido de sus ventas, hoy no sabe si tendrá acceso a dólares. Es más, tal vez se trate de una compañía que tiene precios controlados, pero que incluso así no pueda acceder a dólares a $71.
Por otra parte, la necesidad de obtener permisos para importar introduce una gran desigualdad en la economía; dependiendo del sector en que se participa es más fácil o menos fácil acceder a dólares, por lo que algunas compañías pueden operar normalmente y otras deben reducir sus operaciones porque les aumentan mucho sus costos.
Mondino opina que la brecha cambiaria ofende al sentido común, ya que para un mismo bien hay muchos precios. “Hay diversos precios para exportadores, para importadores, para quienes quieren ahorrar y para quienes deben pagar insumos. Además, en cada caso se depende del mercado al que se tenga acceso. Justamente, los mercados están para eliminar las diferencias de precios y lograr que todos tengan acceso a los mismos bienes a los mismos valores. La brecha impide el funcionamiento de los mercados”, destaca.
Un aumento de la brecha cambia- ria como el que se dio en la Argentina en los últimos meses también tiene su efecto nocivo en el comercio exterior, porque todo el mundo intuye que el valor real del dólar está más cercano al blue que al oficial, con lo que vislumbra una devaluación futura. “Cuando ocurre esto, los importadores intentan adelantar compras lo máximo posible y los exportadores tratan de retrasar sus ventas al exterior, a los efectos de conseguir un mejor precio por sus operaciones luego del pago de los derechos de exportación”, explica Di Pace.
Rajnerman coincide con ese diagnóstico y reafirma que la brecha cambiaria aumenta las expectativas de devaluación: aun cuando no cambie los fundamentos macroeco- nómicos, impacta en la percepción de los agentes que empiezan a sentir que el dólar oficial está barato. “En consecuencia, comienzan a faltar divisas en el mercado oficial de cambios, sobre todo porque se adelantan importaciones y, en parte, porque se posponen exportaciones”, resume.
De esta manera, lo que ocurre es que, aunque aparezca una balanza comercial positiva, se puede tener un saldo cambiario por bienes negativo (tal como pasó en el primer semestre, un hecho inédito en la historia económica argentina) y algunas presiones cambiarías, incluso en un contexto de fuerte cepo.
En tanto, si se pone la mira en el ahorro, se verá que quizá sea una de las variables más golpeadas por la brecha cambiaria. Mondino insiste: “Esto es veneno para el ahorro, en momentos en que justamente lo que se necesita es ahorrar. El estado desahorra (vía déficit fiscal), las empresas tienen pocas ganancias y, por lo tanto, poca capacidad de inversión, mientras que las familias no disponen de instrumentos para ahorrar”.
Es que, como puntualiza Mondi- no, dado el continuo deterioro del valor del peso, es difícil encontrar instrumentos de ahorro suficientemente seguros y, aunque el ahorro en dólares tampoco garantiza cobertura contra la inflación, es de mayor acceso y es más fácil de comprender para la población.
¿Se puede salir airoso de esta olla a presión? Los analistas no se animan a estimar fechas ni a ofrecer pronósticos, pero sí afirman que, en un contexto en el que no hay crédito, todo va a depender de la capacidad que tenga el Gobierno de consolidar sus cuentas fiscales. Si se revisa la historia argentina de los últimos 70 años, se podrá comprobar que no fue precisamente ese el “potro” que los distintos “jinetes”, llegada la hora, pudieron, supieron o quisieron domar.