Vicentin: una fiesta que se pagará en el futuro

La Nación – Nota – Sup. Campo – Pag. 6

Marcos Gallacher

La cadena agroindustrial es de enorme importancia para la economía del país. El desempeño de este sector contrasta fuertemente con los mediocres resultados obtenidos en el último medio siglo por la mayor parte -por no decir todos- los otros sectores de la economía. Si bien es cierto que el país tiene excepcionales condiciones para la producción agropecuaria, los negocios agroindustriales son sumamente complejos y han resultado tanto en éxitos como en fracasos. A modo de ejemplo: a comienzos de la década del ’70 quiebra el frigorífico Swift, posteriormente es estatizado, para ser privatizado algunos años más tarde. Desde ese momento hasta ahora, Swift pasó por varias manos. Otro ejemplo: a principios de la década del ’80 quiebra Sasetru, empresa con más de 10.000 empleados, la cuarta en importancia de la industria alimenticia del país.
Molinos Río de la Plata también cambió de manos, pasando del grupo Bunge a Perez Companc. Más recientemente, y enfrentada con una severa restricción financiera, la cooperativa Sancor vendió una parte sustancial de sus activos a Adecoagro y redujo su planta de personal de 5000 a menos de 1600 empleados.
Una empresa quiebra cuando el valor de lo producido es menor que el de los recursos empleados para producir. Se pueden escribir ríos de tinta sobre “aspectos financieros” y de “flujos de caja” pero, en última instancia el problema central es uno: de producir un producto que el mercado demanda a un precio que el propio mercado está dispuesto a pagar.
No resulta sorprendente que el mayor acreedor del crédito moroso de Vicentin sea un banco público (Banco Nación). Aun cuando se descarte comportamiento doloso por parte de quienes aprobaron créditos, es de esperar de la banca pública una peor performance en la asignación de crédito que la que caracteriza a la privada. En la banca pública el directorio está compuesto por políticos o amigos de políticos, que han llegado al cargo no por desempeño comprobado sino por múltiples intercambios de favores. Los “dueños” del banco público tienen sobre este muchísimo menos control que el que tienen accionistas sobre un banco privado. En última instancia, el accionista privado siempre puede vender su tenencia accionaria, “castigando” así a la gerencia, cosa que el ciudadano no puede hacer con su cuota-parte del banco público.
La propiedad pública de activos productivos tiene dos características de las cuales resulta imposible escapar. La primera se relaciona a las premisas decisorias que guiarán su acción. ¿Cual es el objetivo de Vicentin? ¿Crear un valor mayor que el costo de los recursos empleados? Hacer esto requiere profunda reorganización, lo cual resulta del todo imposible con el gobierno actual.
El segundo problema se relaciona a los incentivos que enfrenta el interventor y los políticos que lo rodean. ¿Cual es la estructura de incentivos que guían suaccionar? En contraste con el directorio de una empresa privada, sujeto a la métrica clara de maximizar el valor de la empresa, el futuro de los que manejan Vicentin está atado no al desempeño de la empresa sino al grado en que se satisfacen preferencias difusas y conflictivas de sus mandantes.
Hace ya mucho tiempo, los destacados economistas Armen Alchian y Howard Demsetz analizaron este problema: la empresa capitalista en última instancia constituye un sistema de incentivos que resulta en alta productividad del “equipo” que la integra. Para que esto ocurra, “alguien”
(los accionistas) deben asumir los costos y recibir los beneficios de una mejor o peor gestión. Esta gestión depende en forma directa de la calidad de los “premios y castigos” a los cuales están sujetos todos los integrantes de la empresa, desde el mas alto ejecutivo hasta el mas modesto empleado.
En la práctica, el sistema de incentivos se lleva a cabo a través de dos mecanismos: (a) reemplazando a la conducción cuando la performance es subóptima y (b) transfiriendo el control a inversores externos. La reorganización puede implicar que bienes de capital, recursos humanos y otros activos son reasignados a otras empresas donde su productividad es mayor. A nivel agregado, esta antipática “disciplina” es la que genera el notable bienestar que caracteriza a las economías de mercado.
Ninguna de las condiciones anteriores esta presente en el caso de Vicentin. La predicción no resulta entonces difícil: al igual que Aerolíneas Argentinas, Vicentin será una carga mas a la ya castigada economía de nuestro país. Pagarán la fiesta los jubilados, los jóvenes sin futuro y muchos otros.