Nadie se anima a decirle no a ella

La Nación – Nota – Opinión – Pag. 23

Francisco Olivera

El lunes en que anunció el proyecto de expropiación de Vicentin, Alberto Fernández había invitado a almorzar a Eduardo Duhalde. El encuentro, que era en Olivos e incluía también a José Ignacio de Mendiguren, líder del Banco de Comercio de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y directivo de la Unión Industrial Argentina (UIA), se canceló momentos antes. Lo que pasó esa tarde, acaso el motivo del cambio de agenda, ya se sabe: escoltado por la senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti, el Presidente expuso la decisión, que pocos conocían en el Frente de Todos y que todavía, aun con el fallo de ayer del juez del concurso en favor del grupo, sacude al mundo empresarial. Mendiguren lo constató al día siguiente en la reunión de junta de la UIA, donde intentó apaciguar el mal humor de sus pares y defendió al jefe del Estado.
El avance sobre Vicentin no estaba entre las conjeturas de casi nadie. Ni siquiera las de Sergio Massa, sobre quien caería, si llegara a prosperar el proyecto, la tarea de reunir los votos en la Cámara de Diputados. El líder del Frente Renovador no solo está en silencio, sino también desconfiado. Interpreta, por ejemplo, que los trascendidos periodísticos sobre el interés que en algún momento tuvo José Luis Manzano en la cerealera surgieron del Instituto Patria pensando en él, que tiene una vieja amistad con el empresario mendocino. ¿Alguien pretende exponerlo para que trabaje con mayor diligencia? Difícil saberlo.
Su preocupación es en realidad la de gran parte del PJ y la de la muchos empresarios. Esta semana, un grupo de industriales encabezado por Miguel Acevedo, presidente de la UIA, volvió a hablarlo por Zoom con Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo. Estaban Daniel Funes de Rioja, Alberto Álvarez Saavedra, Guillermo Moretti y Adrián Kaufmann, entre otros. El ministro trató de tranquilizarlos: les dijo que la prioridad del Gobierno era rescatar la compañía y que primero buscarían hacerlo dentro del concurso preventivo.
La UIA sigue dividida al respecto. “Todo lo que vemos es un distractor que no va en la dirección lógica -dijo el martes Luis Bet- naza, uno de los vicepresidentes, en conversación con Jorge Lanata en Radio Mitre-. No creo que un país que puede alimentar 400 millones de almas en el mundo esté en un problema de soberanía agroalimentaria”. Es la postura que vienen mostrando muchos dirigentes de federaciones fabriles del interior, mayoritariamente críticos de la intervención, pero refutados en la última reunión de la UIA, mientras se deliberaba acerca de qué posición pública tomar al respecto, por cuatro de los presentes: Mendiguren, el salteño José Urtubey y los santafesinos Guillermo Moretti y Walter Andreozzi, que insistieron en la necesidad de socorrer a los acreedores de Vicentin.
“¿Por qué no lo llamás al Presidente y le preguntás si cambió de opinión desde el miércoles, antes de destrozarlo en los diarios?”, le objetó Mendiguren a Acevedo. Aludía a la atmósfera positiva del encuentro que, cinco días antes, Alberto Fernández había tenido en Olivos con Acevedo y otros nueve empresarios. La tarde en que, después de aclararles que no tenía problemas con ninguna compañía, el Presidente degradó a la categoría de “ideas locas” la propuesta de la diputada Fernanda Vallejos destinada a que el Estado tome participación en empresas.
La discusión quedó abierta. La UIA difundió esa tarde un comunicado que pretendía ser respetuoso y que muchos directivos calificaron de tibio, y Mendiguren siguió hablando en privado con varios de sus compañeros. Su idea coincide con la del gobernador santafesino, Omar Perotti, o la de intendentes del conurbano que, aunque respaldan la medida, creen que el conflicto le provocó al Gobierno un desgaste. Esta postura se sustenta en la convicción de que las críticas por Vicentin no hacen más que debilitar al Presidente y agigantan, al mismo tiempo, la figura de Cristina Kirchner. “¿No hicieron eso con Macri? Lo esmerilaron y lo único que consiguieron fue que ella volviera”, proponen ahora al establishment los partidarios de una salida ordenada.
El problema de siempre: ella. Todos quisieran ver a Alberto Fernández emancipado de una vez, pero lo perciben cada día más firme en la dirección opuesta, haciendo contorsiones para contentarla. Horas después del anuncio de Vicentin, varios dirigentes de buena relación con la Casa Rosada hicieron esfuerzos por atenuar la decisión. Entre ellos, Roberto Lavagna, que había almorzado con el Presidente el mismo día del encuentro con los diez empresarios y reaccionó en su cuenta de Twitter: “Hace algunos años se habló de soberanía energética y las cosas no salieron bien: baja inversión, necesidad de importar, caídade reservas, y finalmente estancamiento económico-social”, escribió, y agregó en un segundo tuit: “Ayer se habló de #sobe- raníaalimentaria… Esperemos que se haya aprendido la lección: no bastan el Estado y los amigos del poder para que las cosas salgan bien. Esperemos…, pero haciéndonos oír y actuando”.
Duhalde se sumó con un mensaje todavía más optimista: “Quiero felicitar anticipadamente al gobierno nacional, estoy seguro de que mañana solucionará el conflicto generado en torno a la empresa”, posteó, arrobando al jefe del Estado, que ya había invitado al día siguiente a Olivos a Perotti y al CEO de la empresa, Sergio Nardelli. Fueron instantes en los que se insinuó un recálculo del asunto. “Si aparecen alternativas superadoras el Presidente está dispuesto a escuchar”, les dijo Perotti a los periodistas al salir. Pero no: horas después, el viernes, en una entrevista con la periodista Cynthia García, Alberto Fernández insistió en la expropiación como única posibilidad. Duhalde reiteró sus objeciones el último lunes ante la nación. Dijo que se las había mandado al Presidente por WhatsApp. “Todavía no me contestó”, sonrió. Había pasado una semana desde la cancelación del almuerzo. Tuvo la respuesta al día siguiente, en un mensaje personal del jefe del Estado: lo exhortaba a hacer consultas para buscar opciones. Es la tarea que, entre otros, anoche ejercía Perotti.
Ahí anda el PJ no kirchnerista. Elaborando propuestas que, tarde o temprano, deberán pasar el filtro más importante: el de la jefa. El caso Vicentin volvió a exponer una debilidad que el Frente de Todos arrastra desde su génesis: no ha aparecido hasta el momento en todo el país un solo dirigente oficialista dispuesto a contradecir a Cristina Kirchner. Un problema para quienes todavía pretenden formar parte de la discusión de las listas legislativas en 2021. A ese sueño le faltan por ahora voluntarios. “Queremos salir a la cancha, pero no juntamos 11”, se lamentó a este diario uno de ellos, que incluye en la defección a varios gobernadores. “Nadie quiere levantar la cabeza”.
Es probable que la controversia por Vicentin, que ayer se aplacó por el fallo del juez del concurso en favor de la compañía y que sin embargo alentaba protestas para esta tarde, exceda los confines agropecuarios. “Ahora parece que los dueños fueran monjes benedictinos”, se quejan en el Frente de Todos. Es la fractura: nada que no haya pasado otras veces. La última, en 2008, se resolvió porque apareció alguien, Julio Cobos, que se atrevió a contradecir. “Mi voto no es positivo”, definió entonces, en un circunloquio que quedó en la historia por lo que todavía representa: el peso y la incomodidad de ser frontal.