En el juego de las siete diferencias, Vicentin nunca podrá ser YPF

La Nación – Nota – Política – Pag. 8
Sofía Diamante

Desde que el Gobierno anunció que avanzaría con la estatización de Vicentin, el presidente Alberto Fernández y sus ministros hablaron del “modelo YPF” en la cerealera. La petrolera es “una empresa mixta, cotiza en Nueva York, tiene un management profesional y un directorio con representantes del Estado y las provincias”, como dijo el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas.
Se hicieron comparaciones entre ambas empresas luego de que el Presidente hablara de “soberanía alimentaria”, que tiene su paralelismo con la “soberanía energética”, como dijo la entonces presidenta Cristina Kirchner tras expropiar el 51% de las acciones de YPF.
La situación de YPF al momento de ser estatizada dista mucho del contexto actual de Vicentin y su participación en el sector agrícola.
Sus inicios. YPF nació como una empresa del Estado, en 1922, y fue privatizada en 1998. Su expropiación tuvo un apoyo de la opinión pública, que siempre la consideró “propia”.
Vicentin se creó en 1929, por la familia que lleva su nombre, y siempre estuvo en manos privadas. Su nombre se hizo conocido entre la mayoría de la sociedad a raíz del anuncio de expropiación.
Composición societaria. En 2012, cuando se expropió YPF, la petrolera ya cotizaba en Nueva York y la mayoría de los accionistas eran extranjeros. La española Repsol tenía el control con 57,43% de las acciones. En el caso de Vicentin, la mayoría de los socios son la familia Vicentin, y no es una compañía pública que cotice en la bolsa.
Peso en el mercado. YPF tiene un rol clave en el sector energético, ya que representa casi el 60% de la participación en la producción de petróleo y gas y en el despacho de nafta y gasoil en las estaciones de servicio. Vicentin representa 9% del mercado total de exportaciones agrícolas, es la sexta cerealera más grande de un sector menos concentrado que el de hidrocarburos.
“Soberanía”. Cuando se expropió YPF, el país había perdido su capacidad de exportar petróleo y gas, y se encaminaba a tener –dos años después– un déficit récord en la balanza energética de más de US$7000 millones, que consumió el superávit en las cuentas fiscales y generó las mayores pérdidas de divisas. Vicentin opera en el principal sector exportador y uno de los más eficientes. La cerealera liquidó divisas el año pasado por US$2674 millones.
Inversiones en el sector. En el sector de hidrocarburos, las inversiones que realizó YPF permitieron darle dinamismo a una industria que estaba adormecida por el congelamiento de las tarifas de gas y luz, lo que desincentivó la producción.
El mercado agrícola, por su parte, más allá del incremento de retenciones que desincentiva la producción, sigue siendo el principal motor de la economía y uno de los que más inversiones traccionan.
Deuda de las empresas. A diferencia de la situación actual de Vicentin, que entró en convocatoria de acreedores, YPF no tenía un problema de estrés financiero cuando fue expropiada. El Estado pagó alrededor de US$5000 millones por el 51% de las acciones a Repsol, pero no debió hacerse cargo de las deudas de la petrolera.
Impacto en los precios locales.
A pesar de ser una empresa que cotiza en la bolsa, el control que el Estado tiene sobre YPF le permite al Gobierno regular los precios de las naftas y el gasoil, la petrolera establece los valores de referencia y ninguna empresa aumenta o baja sus precios si YPF no lo hace. En el caso de Vicentin, será difícil que el Estado tenga injerencia sobre el precio de la harina en el mercado local, ya que la cerealera se dedica principalmente a exportar aceites de soja.