Barril criollo, una fiesta con pocos invitados

El Cronista Comercial – Nota – Opinión – Pag. 3
Cledis Candelaresi

La “señora” y el “mago” son apodos que Cristina Fernández de Kirchner y Miguel Galuccio ganaron como jefa de la Casa Rosada y titular de YPF, respectivamente. En un caso como reconocimiento a su autoridad, en el otro por su notoria habilidad para idear estrategias comerciales. Ambos habrían vuelto a aunar sus talentos ahora para impulsar la aplicación del “barril criollo”, fórmula que permite mantener caro el petróleo en Argentina y que, sin embargo, las petroleras aborrecen.

El flamante decreto 488 fijó un precio de u$s 45 el barril, 10 por encima de lo que se paga hoy en el mercado doméstico y, al menos en estos últimos meses, por encima del mercado internacional. Las refinadoras o comercializadores que compren deben pagar aquel valor, al margen de cualquier otra consideración, y sobre él se liquidan las regalías.
La norma elimina retenciones para quienes consiguieran exportar a ese precio o por debajo de él y bloquea la importación de crudo, forzando a quienes necesiten a pagarlo más caro en el mercado interno. A primer golpe de vista, expresa la loable intención de promover la producción de hidrocarburos doméstica para garantizar puestos de trabajo y, a más largo plazo, facilitar el autoabastecimiento.
Ese es uno de los objetivos fundamentales de la política oficial para el sector, que recién empieza a esbozarse y aún no logra consenso cerrado dentro del propio Gobierno. Nada garantiza que cuando amaine la crisis sanitaria, el secretario Sergio Lanziani, sea reemplazado por alguno de los técnicos que CFK más valora y escucha y que hoy tienen otras responsabilidades en el staff oficial.

La escolta de Alberto Fernández en el Ejecutivo ejerce de facto cierta autoridad sobre el área energética y concibió la ayuda a la producción local como una manera de garantizar la soberanía hidrocarburífera. Galuccio -en quien más confía para discutir estos temas a pesar de que es un empresario privado sin ingerencia formal en la gestión pública- también la apoyó, aunque el rédito es dudoso para su propia compañía, Vista Oil&Gas. Las provincias cobrarán más regalías, que se liquidarán sobre ese precio mayor: por ahora, las únicas beneficiadas con seguridad.

Petroleras integradas como YPF y Pan American Energy (YPF), que lideran la producción de crudo y combustibles, tendrán que desembolsar más por ese impuesto, como cualquiera que produzca. Y en un mercado con un consumo tan deprimido, donde hoy sobra crudo, es difícil que a firmas que no refinan alguien les compre producto.
Más que restregarse las manos con la palmada oficial, a las productoras más chicas como la propia Vista, Pluspetrol, Tecpetrol y otras se las ve tributando más y vendiendo quizás menos, a menos que la demanda de combustibles siga repuntando y lo haga muy rápido. Incierto. En algunas semanas de la cuarentena dura la venta de nafta llegó a caer 80%.
Las refinadoras que no producen petróleo y deben conseguirlo en volúmenes importantes, como Raizen (ex Shell) o Trafigura podrían pasarla muy mal con un barril a u$s 45, 10 por arriba de lo que se necesita para desarrollar el oil de Vaca Muerta. En particular porque hasta el 30 de octubre no pueden pasar ese mayor costo a ningún surtidor.
Pero lo que todas las petroleras sintieron como un golpe en el estómago son las condiciones para tener ese beneficio poco realista en esta coyuntura: mantener el nivel de actividad de 2019, incluyendo el staff de las firmas contratistas, y no poder por ninguna vía pasar sus pesos a dólares. La primera imposición es un poco ambigua y deja margen para la negociación. Pero la imposibilidad de acceder a las divisas, parece sacarlas de quicio.
“Engendro”, “monstruo” y “desastre” son algunos de los calificativos que las presuntas beneficiadas se atreven en riguroso off the record. Es como si a un cumpleañero celíaco y alérgico lo agasajaran con una torta elaborada con harina de trigo 000, chocolate y abundantes nueces.
El interventor del Enargas y técnico valorado internamente, Federico Bernal, se involucró en el tema con el fin de apuntalar la propuesta del “precio argentino”, ya utilizada en los últimos años en el país, pero salió del debate cuando se convenció de que el barril criollo (o crudo subsidiado por los consumidores de nafta y gasoil) no resultaría una buena manera de impulsar a la industria, pinchada por los precios bajos antes de la pandemia.
El esquema se abandonará cuando el petróleo en el mundo cotice por encima de aquel valor. Mientras, Energía revisaría trimestralmente el precio, lo que da una pista de un nuevo axioma oficial para el sector: el Estado reforzará su rol regulador interviniendo en cuestiones que para las empresas del rubro es un sacrilegio.
Otro de los principios expuestos en los considerandos del decreto es el objetivo de lograr el autoabastecimiento y con el decreto se intenta “mantener pautas de inversión” para lograrlo.
Los considerandos del 488 dan otra pista sobre las creencias oficiales al relativizar el maridaje de los precios internos con los del mundo, por la dificultad de realizar las “necesarias adaptaciones logísticas y operativas locales”: aunque se quisiera, no sería fácil importar todo el crudo ni todo el combustible porque en el mundo es más barato.Sobre algunas de esas ideas surgió esta nueva versión del barril criollo.
La Señora y el Mago puede ser un buen título para un cuento. Pero aun fundada en las más nobles intenciones, tal vez no haya resultado la mejor sociedad para encontrar una solución a la crisis energética de coyuntura.