Fernández le pide a la CGT una tregua hasta que se reactive la economía

Nicolás Balinotti

Encabezará hoy un acto con gremios para impulsar su unidad y sumarlos a un consejo tripartito con el Estado y los empresarios
Con el respaldo casi unánime del movimiento obrero, Alberto Fernández impulsará hoy desde la CGT un acuerdo económico y social , cuyo eje estaría en la previsibilidad cambiaria, avanzar con un acuerdo de precios y salarios “relativos” por 180 días, fomentar más exportaciones y proteger la producción nacional.
Rodeado de sindicalistas, el presidente electo prometerá, además, recomponer los salarios tras la devaluación y les sugeriría a los dirigentes abrir una suerte de tregua hasta que se reactiven la economía y el músculo productivo. Los lineamientos del mensaje se conversaron previamente con la cúpula de la CGT, que recibirá después de 11 años a un presidente en su sede de Azopardo al 800. El antecedente es de Cristina Kirchner, en 2008, que asistió al salón Felipe Vallese para un homenaje al abogado laboralista Norberto Centeno.
La intención de Fernández será escenificar el apoyo gremial casi a pleno antes de enviar al Congreso un proyecto de ley para crear un Consejo Económico y Social, cuyo fin sería institucionalizar el diálogo y las acciones conjuntas entre el Estado, las principales cámaras empresarias y los sindicatos de la CGT y la CTA. La iniciativa, que ya cuenta con el aval de algunos sectores empresarios de peso, como la Unión Industrial Argentina, sería puesta en marcha después de la asunción presidencial.
Dicen algunos jefes sindicales que por una sugerencia de ellos, Fernández sondeó la semana pasada a Roberto Lavagna para que sea el exministro de Economía la cabeza del eventual consejo tripartito. Lavagna fue en definitiva el primer candidato presidencial opositor al que apostaron los líderes cegetistas antes de conocerse que Cristina Kirchner impulsaría a Fernández.
Los alcances del acuerdo productivo todavía están en una nebulosa y los sindicalistas aguardan expectantes a que Fernández entregue hoy alguna señal más nítida. El principal obstáculo que distinguen hoy los dirigentes es la poca viabilidad de un congelamiento de precios y salarios. Además, aseguran que el presidente electo dejaría en claro que una reforma de la legislación laboral no estaría por ahora en su hoja de ruta, aunque saben que sí habilitaría las modificaciones de los convenios colectivos por sector.
El plenario de secretarios generales que abrirá el presidente electo servirá además como puntapié inicial para la reunificación de la central obrera peronista. Participarán todas las vertientes internas y se daría el regreso al redil cegetista de algunos sectores de peso que estaban alejados.
El 22 de agosto de 2016, cuando nació el triunvirato, que actualmente quedó con dos cabezas (Héctor Daer y Carlos Acuña), votaron 1582 congresales sobre un total de 2191. En cantidad de sindicatos fue así: se unieron 124 sobre 213 organizaciones confederadas. Es decir, quedaron afuera 89 gremios. La prioridad es hoy lograr que las organizaciones que se quedaron afuera regresen en 2020.
Las gestiones están avanzadas para sumar a la tropa de Omar Viviani que se agrupó en el Movimiento de Acción Sindical Argentino; al sindicalismo macrista que encarnó el ruralista Ramón Ayala y el remisero Alejandro Poli; a los gremios de la Corriente Federal, cuyo referente es el bancario Sergio Palazzo, y al frente sindical disidente que construyó Moyano tras su salida de la CGT, el año pasado, en el que confluyen los mecánicos del Smata, gremios aeronáuticos y portuarios y los municipales bonaerenses.
Los gremios de la CTA no serán incluidos hasta no resolver la interna cegetista puertas adentro. Después, recién, se evaluaría internamente del pedido de ser reincorporados a 28 años de la ruptura. En CGT no hubo consenso para invitar hoy a Hugo Yasky y Roberto Baradel, los referentes de una de las dos vertientes de la CTA y dos dirigentes que cuentan con la confianza de Fernández.
Con una CGT en vías de reunificación, el mapa sindical se completa con las dos vertientes de la CTA, de las cuales una de ellas, la de Yasky, pretende regresar al redil cegetista. Hay otro actor, con menor poder, aunque influyente en las bases: se trata de la izquierda trotskista, que rechaza la tregua que la CGT y la CTA le darían a Fernández.